Transformación

Sé que lo que voy a decir escandalizará a mis amigos economistas, y no solo a ellos. Pero también sé que muchas mentes, mejor amuebladas que la mía, lo están pensando en todo el mundo: Es hora de abandonar el crecimiento económico como meta del desarrollo. Primero, porque el crecimiento indefinido es utópico en un planeta de recursos finitos. Segundo, porque la fijación en el crecimiento nos ha llevado a un mundo profundamente injusto y dividido. Y tercero porque, como consecuencia de lo anterior, urge invertir todos los esfuerzos en la transformación de las economías hacia la equidad y la sostenibilidad. En esa transformación unos sectores crecerán y otros no, unos países – los más pobres – deberán crecer, otros no, pero el crecimiento como tal deja de ser la meta. Es más: se le debe considerar, donde haga falta, como un mal necesario. Y se debe aplaudir a las sociedades que alcancen una mejor calidad de vida, social y ambiental, aunque su producción decrezca. Pero no se trata en absoluto de reducir esfuerzos. Todo lo contrario. La transición hacia economías equitativas y sostenibles demanda nuestros mejores empeños y no pocos sacrificios. Pero la alternativa es seguir avanzando hacia el precipicio.

China, roja y verde

La empresa Bloomberg, que observa los grandes negocios y las grandes fortunas del mundo, hace una lista de los 15 mayores “multimillonarios verdes” del planeta. Se trata de empresarios que invierten sobre todo en la fabricación de vehículos eléctricos, baterías para esos vehículos y energía solar. De los quince, solamente tres no son chinos. A la cabeza de todos está el norteamericano Elon Musk, nacido en Sudáfrica, en este momento el hombre más rico del mundo, cuya fortuna sobrepasa por mucho a las de Jeff Bezos, Bill Gates, Mark Zuckerberg & Cía. Ajustada por inflación, su riqueza equivale a la de John D. Rockefeller en su mejor momento, que había hecho su dinero explotando petróleo. El siguiente no-chino en la lista, Leo KoGuan, también es ciudadano norteamericano, aunque nació en Indonesia. Está en el décimo lugar, e ingresó en la lista precisamente por las acciones que posee en Tesla, la empresa creada por Musk. El otro no-chino es el australiano Anthony Pratt, que produce papeles y empaques reciclados.

Es claro que el mundo no es como lo imaginábamos. Si bien los grandes desarrollos tecnológicos se siguen dando en Occidente, el verdadero motor de la economía mundial es China, y es esa nación de gobierno comunista, al mismo tiempo cuna de grandes empresarios, la que lidera los cambios industriales para mitigar el calentamiento global. El reciente acuerdo entre China y los Estados Unidos para trabajar juntos contra el cambio climático es una de las pocas buenas noticias que hemos conocido en estos días, en que el tiempo en Glasgow ha estado nublado, frío y un tanto estéril.

Alex Hofford para Greenpeace