Un nuevo orden mundial cobra forma ante nuestros ojos. Esta vez no se requirió (por suerte, hasta el momento) una guerra mundial abierta para ello. Bastaron unas elecciones en los Estados Unidos. Se configuran tres bloques separados de poder económico, político y militar: China, Europa y los Estados Unidos, con importantes actores secundarios como Rusia e India. Latinoamérica, desintegrada como siempre, observa desde lejos. Sabe que de ahora en adelante no puede confiar en los Estados Unidos como lo ha hecho siempre. Lo supieron primero México y Panamá, pero la lección es para todos. Toca multiplicar la diplomacia, tejiendo lazos comerciales y estratégicos en todas las direcciones. A quienes creemos en la democracia y los derechos humanos nos queda mirar hacia Europa, donde esos valores todavía conservan vigencia. Se viene una era de autoritarismo y crueldad. Habrá que aprender a vivir con eso. Así como se ha venido hablando de adaptación al cambio climático, habrá que adaptarse al cambio político. Aprendamos y preparémonos para resistir.